Pocas veces

Pocas veces se había sentido como se sentía en los brazos de ese hombre. Desde la primera vez que se cruzó con el olor de ese macho incesante, fue consiente que aquella búsqueda tácita e indescifrable había terminado. No fue necesario decirle o escuchar mucho, o concertar demasiado sobre los pormenores del momento. Finalmente solo quería entregarse tal como lo hizo, sin límites y lamentos.

Su sexo fue tan rápido como intenso. El sudor de su encuentro quedó brotando en sus senos por días posteriores al suceso. Su mente quedaba divagando en el recuerdo. Podría listar sin equivocaciones cada roce, cada beso, cada gemido expuesto.

Solo se detenía cuando se acordaba de su esposo. Amándola allá a lo lejos entre sus batallas y esfuerzos. Ella también lo amaba. Lo había seguido a través de todos sus caminos, todos esos mares, hijos, ríos, palabras, putas, empresas y sueños.

Pero esto era distinto. Era tocar la esencia, volver a lo básico, era sonreír viviendo.

Una tarde de invierno intenso ella quiso calentar nuevamente al mundo con su cuerpo. Abrió sus piernas a ese jinete cautivo que cabalgó lujurioso su geografía entera. Trepó sus montañas y valles, se introdujo por sus cuevas y misterios, conquistó sus tierras jamás domadas y se permitió hacer un mapa completo de su deseo. 

Y con el invierno intenso, llegó también la muerte y su remordimiento. Entre los orgasmos que iban y venían, supo que jamás volvería a ver al sol sonriendo. Lentamente se fue yendo. Se fue olvidando de los gemidos, de los movimientos, de sus dedos rozando aquel otro cuerpo. Quiso estar con su esposo una vez más. Y mientras la muerte rondaba sus aposentos, ella entendió que el amor no se media en estos segundos de momento, sino en los siglos de recuerdos.

El amante nunca entendería que la sonrisa que ella le propinó antes de su muerte, no tenía que ver con su éxtasis, con su glorioso cuerpo, sino con el amor bien vivido..... también sin límites ni lamentos.

IN memorian



LIDA MARÍA BOCANEGRA
CAICEDO

La vida nos enseña, que en su corta duración no debemos desgastar su esencia en los absurdas complicaciones en las que a veces sin pensar, nos vemos enredados. Sea este pues, en honor a Lida María, un momento de reflexión que nos ayude a comprender a todos, que la vida es mucho más que todas estas batallas sin razón que muchas veces estamos dispuestos a pelear.

Honrando tu corta presencia en nuestra vida lida, agradecemos la bendición de haberte conocido y compartido contigo sueños, triunfos, risas y buenos momentos, y queremos dedicarte el amor y la buena energía que es la base del trabajo que realizamos día a día.

Te vas, a sabiendas que seguirás presente en nuestro corazón por siempre.....

La paz, una noble cualquiera.

Somos consientes que estamos vivos. Sabemos esto como se siente, de que se trata y como se logra. Entendemos el concepto de vida, y tenemos empatía con otros seres que al igual que nosotros, estén vivos. Al final la vida inteligente, comprende y admira la vida, así esta otra, no sea inteligente.

Desde esa perspectiva, parece muy claro el porqué todas las religiones, las leyes y acuerdos universales, los principios éticos y morales, y en general el imaginario colectivo, condena la muerte de seres humanos, a manos o causados por, otros seres humanos. Estamos vivos y no nos gusta todo aquello que produzca la muerte, sobretodo si, "todo aquello" podemos ser nosotros mismos.

Sin embargo, aunque parecería que como sociedad comprendemos la importancia del acuerdo tácito y más que explícito que tenemos los seres humanos de no terminar con la vida de otros seres humanos, existen múltiples escenarios donde el concepto no alcanza ni siquiera el estatus suficiente para soportar un debate. Son varios los planos donde aceptamos la muerte de hombres causada por otros hombres, incluso la avalamos desde las mismas perspectivas que la condenan, es decir, desde la misma religión, leyes, acuerdos etc. El  más triste y repudiado de todos ellos: la guerra.

Toda ideología tiene su contraparte. Es producto de nuestra propia inteligencia y razonar, encontrar múltiples caminos hacia un mismo destino. Esta red de soluciones y partidos, refleja las diferencias de nuestro carácter, cultura, posición e incluso, disposición genética. A diferencia de nuestras creaciones industriales, iguales e idénticas entre si en cuerpo y alma, sin distinciones particulares a través del tiempo o espacio, la nuestra es una historia de patrones similares, de morfologías y estructuras aproximadas, de vidas paralelas, pero jamas, de exactitud en razón o sentimiento.

Por este motivo, el conflicto es capítulo fundamental en nuestro convivir histórico. Tenemos tantas diferencias de opiniones, como tantas ramas del conocimiento hay. Un viejo y conocido refrán del chapulín colorado reza que, "más fácil poner de acuerdo a 10 monos para una foto que...", albergando en la sabiduría popular lo que muchas veces nos cuesta tanto trabajo aceptar: la Verdad está compuesta por un sin fin de realidades coloreadas que esconden la certeza de un único matiz. Desde el lecho matrimonial hasta los oráculos celestes, cualquier escenario es digno de un debate que desemboque en conflagración. Partiendo de qué ingredientes deben incluirse en un buen plato de fríjoles, pasando por los artículos de la reforma agraria y llegando a cuantos pares son tres moscas, la verdad parece única a cada uno y más relevante que la del resto, hasta el punto que sólo a través de nuestras opiniones, válidas o no, creemos merecer el reconocimiento opuesto.

La ciencia ha trazado una metodología certera para que aceptemos todos, las interpretaciones que logramos proponer de nuestro mundo colectivo. La ley nos impone comportamientos y acciones a la luz de encontrar el beneficio común, la filosofía nos da herramientas para acceder a posibles estructuras cuerdas de razonamiento y la democracia nos vende la supuesta voluntad de la mayoría. Y aunque todos estos esfuerzos  para ponernos de acuerdo son bastante válidos y eficientes, sigue habiendo entre el montón personas que reniegan del proceder democrático, se aburren de la filosofía, quiebran la ley, y lo peor, son escépticas ante la ciencia. Como bien lo dijo la matrix (la película), habrá alguno reactivo que no acepte la programación inicial.

Ahora bien, retomando el foco, la resolución de conflictos a su  vez tiene metodologías contrarias. Dos opositores pueden curar sus diferencias, ya sea siguiendo el camino del mutuo acuerdo, o, simplemente a los machetasos. Los pueblos pueden irse a la paz, o, pueden irse a la guerra. Lo más irónico es que, hasta en la forma misma de resolver diferencias, existen diferencias.

Un mutuo acuerdo o solución pacífica parte del reconocimiento del otro. Incluye la empatía que permite situar al opuesto en el mismo contexto, pero vestido con diferentes colores. Ambos residen en polos opuestos de la balanza, pero pueden llegar a convenir en las condiciones mismas de su posición (ambos están en la balanza). Por el contrario, un conflicto que pretende resolverse de manera bélica o violenta, intenta desaparecer al otro. Reside en la mutua antipatía y sólo quiere prevalecer desconociendo al contrario. Se cierra completamente a la existencia de la contra. "No lo quiere ni ver".

El acuerdo requiere escuchar, comunicar y argumentar, y aunque exige un gran esfuerzo de inteligencia hacer valer una opinión, demanda un mayor esfuerzo de corazón, validar una opuesta. La disputa sin razón corta la comunicación. Sólo emite. Dogmatiza unos parámetros locales, hasta el punto de encontrar solo en la violencia (así sea de palabra u omisión de atención), la fuerza para poseer razón.

La paz necesita bajar la frente, aceptar falencias y responsabilidades, convive con la humildad, el amor y sobre todo, el perdón. La guerra es altiva, sólo se mira a si misma. No perdona, es infalible. Se alimenta del odio, el rencor y las ganas de destruir al otro, o lo que presuma su esencia.

Una cosa es importante reconocer, la paz requiere mucha más valentía, decisión, tenacidad, que emprender cualquier guerra.Y el remate: la paz, trae más paz. La guerra, da pié a más guerra. si un país como Colombia quiere finalmente un día alcanzar la paz, ¿por qué le seguimos aportando y apostando a la guerra?

Punto Final

Se sorprendió de estar hablando solo, pero no tanto por la retórica suave y arrítmica que lo embargaba en su soledad, sino por no tener una idea exacta del tiempo que llevaba practicando este ejercicio de ser locutor y escucha al mismo tiempo. Tal fue la sorpresa, que se detuvo por completo en la mitad de su escenario asfaltado y se dejó caer en el profundo abismo de la conciencia cuerda, que lo recriminó con todo el peso de años y años de estar reprimida bajo el peso de los fantasmas de la imaginación. Mientras caía de rodillas al pavimento, soltaba los inútiles objetos que sostenía en sus manos para poder así calmar las lágrimas secas que le recordaban su frágil humanidad. Las antes elocuentes y dóciles palabras se transformaban poco a poco en gritos desesperados, en groserías tormentosas, en dolor de pánico. Las palomas en el campanario soltaron vuelo y dejaron atras los años de locura de repente revelados. A medida que la sangre en sus rodillas se iba secando, la verdad de su condición se tornaba difusa e irrelevante. El mugre en sus manos le fué recordando que se encontraba en la mitad de una famosa avenida, donde su pataleta de loco demente no tenía cabida.

Su corazón tomó otro ritmo.
Los gritos se callaron ante la posibilidad funesta de ser atropellado.
Se puso de pie tan rápido como pudo mientras sus pupilas saltaban vibrantes en búsqueda de los faros destellantes, de los gritos, de los ruidos inconfundibles de la muerte certera.

Sin embargo, fuera del aleteo lejano de las palomas del campanario, la atmósfera no salpicaba ruido diferente a la conversación ronca de los árboles milenarios. El aire lleno de los coqueteos de copetones alegrones, de los cánticos melancólicos de moscas famélicas, de los quejumbres resonantes de vacas quietas, había olvidado ya como interpretar los aullidos de los coches desesperados, la resonancia de las multitudes tormentosas y el tic tac del reloj del campanario.

Una única lágrima desesperadada le recordó su verdad: él era el único y último ser humano vivo sobre la faz de la tierra, que loco y desesperado rondaba por las calles negras de una ciudad sin nombre o presente.

Miró al suelo, suspiro, y sin más remedio continuó con su conversación histórica.

El código del Jedi

Emotion, yet peace.
Ignorance, yet knowledge.
Passion, yet serenity.
Chaos, yet harmony.
Death, yet THE FORCE.

Poema perdido en un punto de información.

Amarte a ti no es lo mejor, lo tengo claro.
Amarte a tí es un veneno que da vida.
Amarte a ti no es lo mejor, pero me gusta.

Quizás estoy jugando como siempre al mazoquista,

Amarte a ti no es lo mejor, pero es perfecto.

Amarte a ti es la verdad más mentirosa, es lo mejor de lo peor que me ha pasado,
es la ruleta rusa por un beso.

Amarte a ti es un error, dice una amiga que cree ser feliz o estar libre.

Amarte a ti es absurdo, .... y lo sé.